martes, 17 de marzo de 2020

Las tecnologías de ayer y las de hoy

Nací en 1984 en una ciudad algo pequeña y aislada, lo que por definición me convierte en  Millennial con tendencia a Neanderthal. Como a todos los de mi generación que tuvimos la suerte de poder acceder a una educación superior, los 18 años me encontraron en una ciudad bastante más grande. Allí descubrí otro mundo, que marcó un antes y un después tecnológico en mi vida.

A mis 20 años, en mi ciudad natal hacía solo 3 años que se había instalado el primer y único “cyber-café”, y como consecuencia de eso, yo ya tenía correo electrónico, una magia que me había permitido comunicarme con mi hermana mayor cuando se fue a estudiar (en esa época murieron para mí las cartas postales). También hacía poco que en la casa de mis padres había un teléfono fijo. Gracias a las propagandas de “la llama que llama” se habían convencido de contratar el plan “Argentina 10” y ya había una PC de escritorio sin internet. Claramente, el hecho de tener que desterrarse para estudiar una carrera, condicionó las dinámicas familiares, creando una necesidad de acceso a la tecnología de las comunicaciones. Cuando volvíamos, en el verano, usábamos los CD-ROM de Santillana. Cuando estábamos aburridos jugábamos al Carmen Sandiego en DOS y de paso repasaba capitales del mundo. Incluso, todavía funcionaba el Family Game con los cassettes destruidos, con los juegos de Fórmula 1, Robocop y el jamás olvidado Contra (sin subestimar al Príncipe de Persia). El Nintendo había sido un lujo de unos pocos.



A los 20 años compartía un celular con mi hermana; un Unifón con antena, no el ladrillo, sino el modelo más moderno que ya tenía la opción de  mandar SMS. De eso me enteré mucho después, porque no se usaba. Su principal función era de timbre, porque vivíamos en un noveno piso y sin portero eléctrico. Mi primer celular (para mí sola) fue un C115 a los 24 años,  y mucho después vino intenet y un PC vieja. El pasaje de diskette a pen drive y poder escuchar mucha música variada. El Groove Shark y la grabadora de CDs, la “chancha” que leía MP3 y el Power Point (el gradual adiós a las filminas y al retroproyector). Y desde ahí  en adelante todo cambió a altas velocidades.



Si bien por razones económicas típicas de estudiante, el acceso a esa tecnología llegaba siempre bastante tarde, la disfruté mucho. Fue  revolucionario. Más hacia la actualidad, buscar y encontrar gente que jamás pensaste que volverías a contactar, o chatear por Messenger viéndote a través de una camarita en tiempo real, fue increíble. Y años después ubicarla por Facebook!! Todavía me sorprendo. Y si bien a veces me siento hipercomunicada, agobiada y esclavizada por la computadora o el celular (con tooodas sus funciones y usos ilimitados), no dejo de considerar que el haber vivido en persona todas estas fases, me brinda un panorama amplio que me facilita utilizar la tecnología poniéndola en su lugar: no sobreestimarla ni subestimarla, solo considerarla como lo que es: una herramienta poderosa.


4 comentarios:

  1. Genial!!! Los Supersónicos y Los Picapiedras!!! Qué lindos recuerdos!!!

    ResponderEliminar
  2. Hola, Natalia. Muy completa tu reseña sobre el uso de las diferentes tecnologías.
    Coincido con tu criterios sobre el lugar que debe ocupar la tecnología en nuestras vidas.

    ResponderEliminar