Al fin he llegado a terminar mi Mapa mental y la infografía.
Realmente ha sido un arduo trabajo de muchas horas dedicadas a la confección de
estas herramientas. Pero también, paralelamente, de repensar las clases y el
modo de trabajar cada tema en el aula.
Para empezar, puse sobre mi mesa de debate una situación de
la que soy consciente pero nunca me detuve a enfrentar: siempre noto al
empezar el año que la mayoría de los alumnos tiene un preconcepto poco favorable
de la Botánica. Existe un prejuicio que condiciona la predisposición a aprender:
“las plantas son aburridas, profe”. Y no es un aspecto menor para tener en cuenta.
Entonces, detectado esto, más que nunca debo poner todas las herramientas
teóricas y prácticas en juego para que la clase sea dinámica; jugar con las
subjetividades y emocionalidades de los alumnos. Para esto me resulta
imprescindible organizar los contenidos siempre desde situaciones problemáticas
o interrogantes sencillos directamente asociados a situaciones de la vida
cotidiana. ¿Por qué las rosetas se me pegan en la rueda de la bici? ¿Qué hago
cuando llego a casa? ¿Las saco y las tiro en el patio? Dispersé la semilla: soy
un agente dispersor. ¿Y si me subo a un colectivo en Alvear comiendo una manzana,
y tiro las semillas al bajar en Buenos Aires? Por la edad de los alumnos y el
contexto en el que se desenvuelven, decidí inclinarme por las situaciones que
se viven a diario, procesos en los que nos encontramos involucrados de manera
cotidiana para comenzar las unidades o temas.
Por otro lado, pensaba que como consecuencia de esta modalidad
“in fraganti” de clases exclusivamente virtuales que estamos intentando
sostener (y en un intento rústico de conectivismo), el modelo Flipped learnig llegó
para quedarse. Después de todo, no hay mal que por bien no venga. Y considero
que esta es una consecuencia maravillosa para la educación, en el caso, por supuesto,
de que pueda ser aplicada y desarrollada de manera equitativa y pueda obrar
como herramienta desde y para la igualdad.
Personalmente, desde la óptica de
una docente a cargo de una asignatura con algunos contenidos que inevitablemente
son abarcados desde el conductismo-cognitivismo y el aprendizaje por recepción,
siento que este modelo es como un salvavidas que me es arrojado desde la
teoría. Un híbrido que me permite pensar en mis clases desde lo que necesito y
no intentar adaptarme a un zapato de una talla que no queda. Más desde el área
de las ciencias naturales, en la hay una tendencia a la enseñanza inductiva
desde la experimentación, y el aprendizaje por recepción y la clase expositiva suelen
ser vistos como herramientas en desuso. Además, se aprovecha el tiempo en el
aula. me encantó este modelo. Me queda perfecto. Sólo esto ha hecho que valga la pena
el esfuerzo hasta acá...
Y no escribo más. ¡Vamos que llegamos ¡!!




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